APORTACIONES DE LA PSICOLOGÍA POSITIVA AL BIENESTAR PSICOLÓGICO

19-11-2018

Tradicionalmente la psicología ha dedicado mucho esfuerzo a estudiar los aspectos negativos y patológicos del ser humano (depresión, ansiedad, fobias, etc.) y sigue haciéndolo ya que gracias a ello y a la investigación experimental realizada en el pasado y en la actualidad, los profesionales de la psicología podemos continuar mejorando las terapias y tratamientos que aplicamos en nuestra consulta y que nos permiten abordar de forma eficiente y eficaz muchos de los trastornos y problemas de nuestros pacientes, con la garantía de que han sido validados científicamente.

Desde hace unos años dentro de la psicología se ha desarrollado un enfoque que basa su estudio en el bienestar psicológico, la felicidad, las fortalezas y virtudes humanas, este enfoque es de la Psicología Positiva, cuyo surgimiento se puede datar en 1998 con el discurso inaugural de Martin Seligman como presidente de la American Psychological Association (APA), quién en las vacaciones del año anterior y junto a Csikszentmihalyi  (1) ya se habían percatado de que la Psicología había estado abocada al estudio de la enfermedad en detrimento de los aspectos positivos, como las emociones positivas, el optimismo, la resiliencia, las fortalezas y las virtudes humanas.

Podemos encontrar antecedentes de la Psicología Positiva en los griegos, como Epicuro (hedonismo) y Aristóteles (eudemonia) y en muchos otros pero como mi objetivo no es historiar esta rama de la psicología, sino detallar algunas de las principales aportaciones realizadas desde esta rama de la psicología relacionadas con nuestro bienestar psicológico, paso a detallarlas a continuación esperando sean de vuestro interés.

  • Las emociones positivas como la felicidad y la satisfacción general con la vida conducen realmente a mayores éxitos académicos y profesionales, mejores matrimonios, buenas relaciones, mejor salud mental y física, así como mayor longevidad y resiliencia (Lyubomirsky, King y Diener, 2005).
  • Las emociones positivas están relacionadas con la capacidad de recuperación ante la adversidad. Por ejemplo, las personas que experimentaron niveles más elevados de emociones positivas antes de los ataques del 11 de septiembre en Nueva York se recuperaron más rápido de los efectos traumáticos de dichos eventos (Fredrickson, Tugade, Waugh y Larkin, 2003).
  • Mantener buenas relaciones con los demás, involucrarse en lo que uno hace, tener sentido y propósito vitales, sentirse competente utilizando las capacidades y talentos personales, ser capaz de encontrar humor en la vida cotidiana, saborear las cosas buenas, liberarse de los rencores, sentirse agradecido y expresar gratitud construye la felicidad (Peterson, 2006).
  • No es la adquisición y posesión de cosas materiales lo que nos hace felices, sino la implicación en actividades y las buenas relaciones. Aunque las personas que son tan pobres que no pueden satisfacer sus necesidades básicas están descontentas, por encima de la línea de la pobreza, el aumento de los ingresos tiene una importancia decreciente en la felicidad (Diener, 2008).
  • Varias investigaciones evidencian que el optimismo -el pensamiento positivo- se asocia con un mejor estado de ánimo, mayor satisfacción con la vida; éxito en la escuela, el trabajo y los deportes; buena salud; y una vida más larga (Peterson, 2000). Asimismo, las personas que piensan positivamente también son menos propensas a experimentar “accidentes” traumáticos (Peterson et al., 2001). Las investigaciones revelan que el optimismo protege contra los efectos debilitantes de los eventos negativos (Peterson, 2000). El optimismo es beneficioso en gran parte porque se asocia con una resolución activa de problemas.
  • El pensamiento positivo implica un replanteamiento positivo, así como las actitudes positivas pueden motivarnos a participar en una acción constructiva. Cuando las personas piensan que les ocurrirán cosas buenas, son más propensas a esforzarse porque sienten que lo que hagan marcará la diferencia en el logro de un buen resultado.
  • Fortalezas del carácter como la gratitud, la amabilidad, la esperanza, el entusiasmo, la curiosidad, y quizás la más importante, el amor, definido como la capacidad de construir y mantener relaciones cercanas con otras personas, contribuyen a la plenitud -a la felicidad plena- ciertos rasgos positivos se asocian más específicamente con ella que otros (Park, Peterson y Seligman, 2004).
  • Las buenas relaciones con otras personas —amigos, familiares y compañeros de trabajo— son el factor que contribuye de manera más importante a la buena vida psicológica. Cabe indicar que los aspectos que muestran correlaciones más fuertes con la felicidad son de naturaleza social: por ejemplo, la extraversión, el apoyo social, el número de amigos, las actividades de ocio, el matrimonio y el empleo (pero no los ingresos) (Peterson, 2006).
  • Las investigaciones muestran que una vida dotada de sentido es más satisfactoria que una vida centrada en el placer. El antiguo debate dentro de la filosofía entre el eudemonismo (vivir una vida con sentido de acuerdo con la virtud interior) y el hedonismo (buscar el placer) tiene una resolución empírica. Ésta consiste en que el eudemonismo triunfa sobre el hedonismo (Peterson, Park y Seligman, 2005; Waterman, 1993). Sin embargo, la búsqueda de sentido se relaciona con menor satisfacción con la vida. Parece que aunque tener sentido y propósito es beneficioso, el proceso de encontrar el significado de la vida puede implicar desafío y confusión.
  • Los estudios muestran consistentemente que el trabajo voluntario, la acción de ayudar y de dar están asociados a una elevada satisfacción con la vida y una buena salud. De hecho, el acto de dar parece ser más beneficioso para el donante que para el receptor (Brown, Nesse, Vinokur y Smith, 2003).

En definitiva, aunque las emociones positivas ensanchan y construyen los repertorios psicológicos, sociales y conductuales de las personas, todas las emociones son importantes, tanto las negativas como las positivas,  ya que desempeñan un papel destacado en nuestras vidas, tienen funciones diferentes. Cuando uno experimenta una emoción negativa (p. ej., miedo, ansiedad, ira), esto alerta del peligro, reduce las opciones de respuesta y conduce a actuar de forma urgente para evitar, escapar o solucionar el peligro alertado. En cambio, las emociones positivas indican seguridad y la respuesta inherente a ellas no es reducir las opciones sino ampliar y construir recursos duraderos (Fredrickson, 2001).

(1) Seligman, M. & Csikszentmihalvi, M. (2000). Positive psychology: An introduction, American Psychologist, 55, 5-14

Si lo deseas puedes mandar tus consultas al siguiente correo: psicopalancia@gmail.com y en menos de 24 h. te responderé personalmente. Francisco Ronda Guillem. Psicólogo Sanitario. Colegiado CV-09038.

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SUEÑO Y SALUD MENTAL

04-05-2018

El sueño es una parte muy importante de  nuestra vida, no en vano alrededor de un tercio de ella nos la pasamos durmiendo. Y si esa tercera parte es afectada, el trabajo y el ocio también se resentirán. Para vivir bien hay que dormir bien.

Tener un sueño profundo y reparador es junto con una dieta equilibrada y el ejercicio regular, uno de los tres pilares que están íntimamente relacionados con nuestro bienestar y salud mental, afectando de forma significativa en nuestro rendimiento y funcionamiento diario. Según la Organización Mundial de la Salud el 40 % de la población de los países occidentales sufre algún tipo de trastorno del sueño.

Según distintas investigaciones, dormir más o menos de lo necesario aumenta el riesgo de sufrir depresión además de otros trastornos neurológicos.

Cuando padecemos insomnio nos sentimos y mostramos malhumorados, irritables e incluso desagradables con las personas que nos rodean, sean o no familiares.

Hay muchas circunstancias por las que una persona puede tener problemas de sueño y derivar en insomnio como: precariedad laboral, estrés, problemas económicos, acoso laboral, problemas de pareja, depresión, ansiedad, trabajos nocturnos o con turnos, adicción a las nuevas tecnologías, estar quemado en el trabajo, etc.

Algunas de las cosas que podemos hacer, siempre que sea posible, para mejorar nuestro sueño son:

  • Acostarnos y levantarnos todos los días a la misma hora. Podemos tener la tentación de levantarnos más tarde los fines de semana y recuperar el déficit de sueño de la semana. Lo inteligente es respetar el horario de todos los días, con una diferencia máxima de media hora.
  • Si hacemos siesta, cuidado con ella. Está demostrado que hacer una pequeña siesta nos ayuda a recargar las pilas, siempre que no supere los 15-20 minutos, ya que a partir de los 20 minutos entramos en el sueño profundo, con el peligro de dormir más de lo que queríamos, encontrándonos amodorrados y con el efecto contrario al que queríamos conseguir, sintiéndonos faltos de energía.
  • Relájate y desconecta 1-2 horas antes de acostarte. El irnos a la cama requiere una preparación y desconexión de nuestras actividades diarias al menos una hora antes  de acostarnos y dos después de cenar o si hacemos algún tipo de ejercicio físico. Haz alguna actividad que te relaje, leer, ver una serie en TV, etc.
  • Cuidado con el móvil. Haz un uso inteligente del móvil, aprende a desconectar de él y si quieres dejarlo encendido, ponlo en un lugar cercano a tu habitación, por si recibes alguna llamada urgente. Según los expertos la luz azul que emiten los smartphones interfiere en nuestro reloj interno y hace que retrase nuestro sueño en media hora.
  • Si no puedes dormir, sal de la cama. Si te acuestas a la hora de costumbre y no te puedes dormir, empiezas a dar vueltas y pasan más de 20 minutos, lo que se  recomienda en estos casos es que te levantes de la cama, salgas de la habitación y te vayas a otro sitio donde te puedas relajar, leyendo o viendo la TV. Cuando sientas que tienes sueño de nuevo, vuelve a la cama. El permanecer en la cama largos períodos sin dormir crea una asociación entre permanecer en la cama y no poder dormir que puede derivar en insomnio.
  • Utilización de la cama. Utiliza un colchón y almohada cómoda para que nuestro descanso pueda ser más reparador y utiliza la cama sólo para dormir o hacer el amor, no para leer, trabajar o ver la TV.
  • HIGIENE DEL SUEÑO. Sugerencias a tener en cuenta si tienes problemas de sueño:
  • Evita la cafeína desde la tarde y evita el consumo de alcohol antes de irte a dormir.
  • Reduce el consumo de cigarrillos.
  • Evita hacer ejercicio en las horas próximas más cercanas al momento de irte a dormir.
  • Evita las comidas y cenas <<pesadas>> (de difícil digestión).
  • Reduce el consumo de líquidos después de cenar para evitar tener que ir al baño durante la noche y que te interrumpa el sueño. En todo caso, un vaso de leche te puede ayudar a conciliar el sueño ya que contiene triptófano.
  • Establece comportamientos rutinarios que puedan asociarse con la conducta de dormir (por ejemplo, tomar un baño caliente, beber un vaso de leche caliente, limpiarte los dientes, ponerte el pijama, etc.).
  • Cuida el ambiente de la habitación. Evita ruidos que dificulten el sueño, ten una temperatura los más agradable posible; evita que entre  luz de otra habitación, etc.
  • Evita las preocupaciones en la cama. Programa un tiempo durante el día para preocuparte, siempre a la misma hora y en el mismo lugar.
  • No tomes medicación por tu cuenta. Si tienes problemas del sueño, tienes que saber que existen tratamientos farmacológicos que funcionan pero que no se deben tomar durante mucho tiempo, consulta con tu médico. Además existen tratamientos psicológicos, como el tratamiento cognitivo conductual, que han demostrado su eficacia para tratar el insomnio.

 

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CÓMO SE RELACIONA LA RELIGIOSIDAD/ESPIRITUALIDAD CON LA SALUD MENTAL Y EL BIENESTAR DE LAS PERSONAS

26-01-2018

Aunque religiosidad y espiritualidad son conceptos que comparten cualidades similares pueden significar cosas diferentes en función de las creencias de cada persona, ya que la religiosidad se entiende como una cualidad de aquellas personas que tienen un sistema de creencias y practicas religiosas en torno a una deidad o deidades y la espiritualidad puede estar conectada con la religiosidad o no, ya que para otras personas con otro sistema de creencias puede tener relación con la búsqueda de un sentido o significado a su vida, y con quererla trascender más allá de ésta.

Sea de una forma u otra, las investigaciones científicas realizadas hasta el momento, revelan una relación positiva entre la religiosidad/espiritualidad y la salud física, la salud mental y las conductas de salud. En una investigación realizada por Koening (2012), en la que llevo a cabo una revisión sistemática de 3.300 estudios cuantitativos publicados en revistas académicas entre 1872 y 2010, encontró que la mayoría de estudios realizados a nivel mundial revelaron que:

  • Existe una relación inversa entre religiosidad/espiritualidad y condiciones físicas como enfermedad coronaria, hipertensión, enfermedades cerobrovasculares, alzheimer/demencia, cáncer, síntomas somáticos y mortalidad.
  • Existe también una relación inversa entre religiosidad/espiritualidad y conductas desadaptativas que pueden impactar negativamente en la salud como el consumo de cigarrillos, abuso de sustancias, etc.
  • La religiosidad/espiritualidad se relacionó positivamente con conductas positivas que promueven la salud, como la dieta, ejercicios, funcionamiento físico, función endocrina, función inmune aumentada y auto-evaluación de salud.
  • Se encontró también una relación inversa entre la religiosidad/espiritualidad y variables que afectan negativamente la salud mental como la depresión, la ansiedad, el suicidio y los problemas sociales como delincuencia/crimen e inestabilidad matrimonial.
  • Los resultados también revelaron una relación positiva entre religiosidad/espiritualidad y variables que afectan positivamente a la salud mental como el afrontamiento a la adversidad y emociones positivas (bienestar/felicidad, esperanza, optimismo, significado y propósito, auto-estima, sentido de control, apoyo social e implicación en organizaciones sociales).
  • Dichos resultados sugieren que la mayoría de los estudios empíricos documentados concuerdan en que una alta religiosidad/espiritualidad se asocia positivamente con la salud física, salud mental y conductas que promueven la salud

Referencias:  Koening, H.G. (2012). Religion, Spirituality, and Health: The Research and Clinical Implications. International Scholarly Research Network.

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CÓMO MEJORAR LOS PENSAMIENTOS POSITIVOS PARA VIVIR MEJOR

13-12-2017

Antes de terminar el año, quiero dejaros algunas ideas de cómo podéis mejorar los pensamientos positivos, con el fin de ayudaros a incrementar vuestro bienestar.

Pero, ¿que son los pensamientos positivos?,  básicamente son un producto de nuestros procesos cognitivos que nos predisponen a que adoptemos actitudes optimistas ante las circunstancias de nuestra vida, incrementado con ello nuestra salud y bienestar.

El tener pensamientos positivos no quiere decir que nos tengamos que evadir de la realidad, sino más bien que adoptemos una actitud positiva, es decir una predisposición a focalizar nuestra atención sobre los aspectos positivos de nuestra vida y la de los demás, pero también y especialmente cuando nos enfrentemos ante  las situaciones más adversas o difíciles, que suelen generan pensamientos y emociones más negativas.

Algunos de los beneficios que propicia el tener pensamientos positivos son: nos hacen sentir mejor con nosotros mismos y los demás; disminuye el riesgo de estrés; afrontamos las dificultades con mejor predisposición y ánimo; fortalece el sistema inmune; mejoran nuestra salud, ya que repercuten en todos los ámbitos de nuestra vida; atraen sucesos exitosos, ya que es más fácil que consigamos nuestros objetivos, y al conseguirlos, aumentemos nuestro autocontrol, autoeficacia y autoestima.

¿Qué podemos hacer para incrementar nuestros pensamientos positivos?

  • Aceptar la realidad tal cual es. Acepta y disfruta de todas las cosas buenas que la vida te ofrece; de las situaciones adversas que te toque vivir, si puedes cambiar algo, porque está bajo tu control, no lo pienses, cámbialo, de lo contrario, acéptalo, no te evadas y vívelo como una experiencia de la cual también puedes aprender algo.
  • Tolerar y aceptar nuestros pensamientos negativos. Es necesario tolerar y aceptar los pensamientos negativos, ya que algunos de ellos cumplen una función adaptativa, ya que suelen acompañar a emociones como el miedo, la rabia, la tristeza, la ira etc. Lo importante es saber gestionarlos para evitar que contaminen las diferentes áreas de nuestra vida y conseguir transformarlos en pensamientos más adaptativos.
  • Tener un estilo de vida saludable. Un estilo de vida saludable contribuye a que seamos más optimistas, ya que si cuidamos nuestra salud física y mental, a través de una alimentación variada, descansando adecuadamente, haciendo ejercicio, etc., tendremos una vida más equilibrada, con más energía y vitalidad, lo cual favorece los pensamientos positivos.
  • Evitar las personas tóxicas y relacionarnos con personas positivas, ya que la positividad atrae más positividad. El pasar más tiempo con personas positivas es más práctico y saludable que pasarlo con aquellas que ven casi siempre el vaso medio vacío o que nos contaminan con su negatividad.
  • Cuidarte y resérvate tiempo para ti. Es bastante fácil que con esta vida tan ajetreada que llevamos, a veces nos podamos olvidar de lo que realmente nos gusta y nos hace felices. Es importante que reservemos algún momento del día para hacer  aquello que realmente nos guste y nos haga felices, ello incrementará nuestros pensamientos positivos.
  • Darnos y hacer el bien a los demás. El ayudar a los demás de forma desinteresada contribuye a tener relaciones más saludables con otras personas, nos hace sentir bien y los pensamientos que tenemos son más positivos.
  • Ser agradecido. En vez de estar quejándonos de todo lo que nos fastidia, fijémonos en todo lo bueno que tenemos y seamos agradecidos con los demás, es un hábito muy saludable que cuesta poco esfuerzo y que favorece los pensamientos positivos.
  • Evitar la “quejitis”. Aunque todas las personas necesitamos desahogarnos en algún momento puntual, ya sea por algo que nos pasó, nos esté pasando actualmente o que anticipemos que nos volverá a pasar, no es buena idea que esta sea la forma habitual de afrontar las cosas que nos suceden en el día a día, ya que se malgasta mucha energía, nos cargamos de pensamientos y emociones negativas, lo cual no favorece los pensamientos positivos.
  • Evitar utilizar un lenguaje negativo de forma habitual, ya que tiene más influencia de la creemos en nuestra concepción del mundo y cómo nos sentimos. Frases tales como “esto es una mierda”, “odio ir a este trabajo”; “esto no cambiará nunca, siempre pasa lo mismo”, etc., son una muestra de este tipo de lenguaje y aunque algunas personas no le dan importancia, ya que dicen que es una forma de hablar, en realidad lo que favorece son pensamientos negativos.
  • Utilizar el sentido del humor. Aprender a reírse de uno mismo y a relativizar las cosas “serias” que a veces nos suceden, nos ayuda a ser más positivos y a flexibilizar nuestros pensamientos.
  • Pensar y decirnos frases positivas pero realistas. El pensar sobre cosas que queremos conseguir o hacer y decirnos por ejemplo: “lo voy a conseguir, con esfuerzo pero lo conseguiré”; “yo soy capaz de hacerlo y lo voy a hacer”, etc. son autoafirmaciones positivas que nos ayudan a sentirnos bien con nosotros mismos, y a conseguir lo que queremos, dándonos seguridad.

Estas ideas que os acabo de detallar por supuesto no agotan todo lo que podemos hacer para mejorar nuestros pensamientos positivos pero si que puede ser una buena muestra de ello.

Para finalizar, os dejo algunas frases inspiradoras que espero os ayuden a generar muchos pensamientos positivos en lo que queda de año y para empezar el 2018 con las pilas cargadas:

  • Una vez aceptamos nuestros límites, vamos más allá de éstos. (Albert Eisntein).
  • Puedes hacerlo, deberías hacerlo, y si eres lo suficientemente valiente como para empezar, lo harás. (Stephen King).
  • Para realizar una acción positiva hay que mantener una visión positiva. (Dalai Lama).
  • Cuanto más duramente trabajo, más suerte tengo. (Gary Player).
  • Para hacer del mundo un lugar mejor, empieza a ver el mundo como un lugar mejor. (Alan Cohen).
  • Eres capaz de mucho más de lo que estás imaginando o haciendo ahora. (Myles Munroe).
  • Debes de hacer las cosas que crees que no puedes hacer. (Eleanor Roosvelt).

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EL PAPEL DEL ESTRÉS EN NUESTRA SALUD

16-03-2017

El estrés es una respuesta general y adaptativa del organismo ante determinadas demandas internas o externas del organismo  que puede resultar beneficiosa para incrementar y mantener el rendimiento y la salud, como por ejemplo al preocuparnos por el desarrollo de una reunión de trabajo, dedicamos más tiempo a prepararla, para que sea más provechosa la misma.

Sin embargo, el exceso cualitativo o cuantitativo de estrés, debido a la exposición a múltiples o muy impactantes situaciones estresantes y de la falta de recursos apropiados para hacer frente a tales situaciones, o como consecuencia del agotamiento que se produce en el organismo que con bastante frecuencia debe estar sobrefuncionando para manejar situaciones que podrían afectarlo, puede perjudicar, seriamente, el rendimiento y la salud de las personas.

Hoy en día podemos considerar el estrés como un proceso interactivo, en el que confluyen las demandas de una situación con los recursos que tiene una persona para afrontar dicha situación. Si dicha situación la percibimos como estresante es por la valoración  que realizamos de la misma y en cómo ésta afectará a nuestros intereses. Si además la percepción y valoración de nuestros recursos de afrontamiento son infravalorados por la propia persona, creyendo que no son los adecuados, aunque lo puedan ser, lo que propicia es una mayor respuesta de estrés, una sobrecarga, y una deficiente utilización de los propios recursos.

Dadas las diferencias existentes entre las personas, una misma situación, puede ser mucho más estresante para unas personas que para otras.

Aunque el estrés tiene una relación muy directa con distintos trastornos de salud, como la hipertensión, ansiedad, dolor de espalda, fatiga, dificultad para dormir o insomnio, problemas cardiovasculares, úlceras, problemas digestivos, etc., lo cual significa que se  ha producido un desequilibrio en nuestro organismo, este  sería un estrés negativo, también hay un estrés positivo que se produce cuando una persona interpreta que la situación será favorable a sus intereses. En ambos casos reconocemos el estrés porque produce, activación fisiológica, cansancio, agotamiento, etc. sin embargo en el estrés positivo genera emociones agradables y positivas y el estrés negativo emociones desagradables y negativas.

Hay situaciones altamente relevantes que suelen llevar aparejada una fuerte demanda de recursos que pueden  producir estrés como por ejemplo: fallecimiento de un ser querido, pérdida del empleo, presiones en el trabajo, catástrofes naturales, divorcio, etc. que producen unos cambios biológicos que intentan restablecer el equilibrio perdido y que se asocian a las situaciones estresantes, según estudió Selye, se producen en tres fases que componen el Síndrome General de Adaptación.

  • 1ª Fase de preparación en que se inicia la activación.
  • 2ª Fase de mantenimiento, en la que la alta activación fisiológica es necesaria para afrontar las demandas de la situación y no puede disminuir.
  • 3ª Fase de agotamiento, en la cual la alta activación fisiológica no se puede mantener y cae bruscamente.

Por lo comentado anteriormente, la forma en cómo valoremos las demandas de las situaciones potencialmente estresantes y nuestros propios recursos, nuestras estrategias de afrontamiento, va a ser más determinante, a la hora de saber si una persona sufrirá más o menos estrés, mas que las propias estrategias de afrontamiento que realmente posea, ya que bien las puede utilizar inadecuadamente o simplemente no utilizarlas por no haberlas tenido en cuenta.

¿Que podemos hacer para manejar el estrés?

Algunas de las cosas que podemos hacer para manejar o afrontar el estrés son:

  • Hacer ejercicio. Practicado de forma regular, nos ayuda aliviar tensiones acumuladas, libera endorfinas en nuestro cerebro que nos permite sentirnos mejor y mejora nuestra salud psicofísica.
  • Dormir lo necesario. Esta demostrado que nuestro cuerpo necesita dormir lo suficiente para poderse recuperar bien.
  • Aprender a decir que no. Reconocer si el estrés es producido por aceptar demasiadas tareas o demandas en el hogar o en el trabajo, hay que poner límites, aprender a decir que no y pedir ayuda a los demás cuando la necesitemos.
  • Comer de forma saludable. Comer alimentos saludables ayuda a dar energía a nuestro cuerpo y mente.
  • Estar preparados. Vamos a prepararnos de la mejor manera posible, según nuestra capacidad y recursos para las situaciones que sepamos que pueden ser estresantes, como por ejemplo una entrevista de trabajo o tener que dar una charla.
  • Buscar soluciones. Generar y valorar distintas alternativas para solucionar situaciones conflictivas o estresantes nos puede ayudar a tomar la mejor decisión y a reducir el estrés.
  • Establecer objetivos realistas. Si nos marcamos objetivos demasiados altos o nos fijamos demasiadas tareas a realizar, no somos realistas, nos agobiamos y estresamos innecesariamente.
  • Disfruta de las cosas pequeñas y sencillas. Acostúmbrate a tomarte un tiempo para disfrutar de los placeres sencillos de la vida, un día hermoso, pasar un rato riéndote con los amigos, pasear por el campo, etc. Aprendamos a focalizar nuestra atención en todas las cosas positivas que todos los días suceden a nuestro alrededor.

Y podríamos continuar pues hay muchas más cosas que podemos hacer para afrontar o aliviar el estrés, ya que lo anterior sólo es una pequeña muestra de ello aunque puede ser suficiente en ciertas personas para aliviar su estrés y con ello mejorar su salud y bienestar.

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EL PAPEL DEL PENSAMIENTO EN NUESTRO BIENESTAR

09-02-2017

Desde la psicología cognitiva se considera que la principal causa de nuestras emociones y conductas, no es lo que nos sucede o experimentamos, la realidad en sí, sino en cómo la evaluamos o interpretamos, en otras palabras a través de nuestro pensamiento, especialmente de nuestras creencias, filtramos la realidad y respondemos a ella a nivel emocional y conductual.

De esta forma, ante una misma situación, siendo objetivamente idéntica para todos, la respuesta de cada persona puede ser muy diferente en función de cómo sea percibida y evaluada. Por ejemplo: si una persona llega a una reunión en la que se encuentran varios desconocidos y algunos de éstos le miran de vez en cuando y se ríen, pueden haber diversas interpretaciones: pensar que se están riendo de ella y que la quieren molestar; pensar que ha caído bien y les gusta, etc. Al final, según lo que piense, se sentirá y se comportará de una u otra forma.

El cómo nos sentimos y actuemos no sólo depende de nuestro pensamiento, hay algunas cualidades positivas  o negativas que van a propiciar el que la interpretación que hagamos de la realidad sea muy diferente.

Ejemplo positivo:

  • Una persona con buena autoestima y habilidades sociales, tenderá a evaluar la situación anterior de forma más realista y positiva, interpretando que si la miran y le sonríen será porque quieren conocerla y ser amables con ella. Si lo interpreta de esta forma, será más probable que se sienta bien, devuelva la sonrisa e inicie una conversación.

Ejemplo negativo:

  • Una persona muy tímida e insegura, en la situación anterior, podría llegar a pensar que esas personas desconocidas se están riendo de ella e intentaría evitar el contacto con ellas.
  • Una persona que tiende a ser desconfiada y a creer que la mayoría de la gente es hostil, también es probable que malinterprete las sonrisas y consecuentemente se comporte de forma hostil o inhibida.

Llegado a este punto podemos hacernos una idea de la importancia que tienen nuestros pensamientos en cómo nos sentimos y en cómo actuamos, por ello voy a detallar algunas claves que pueden favorecer o entorpecer nuestro bienestar:

Algunas creencias irracionales que pueden crearnos problemas, especialmente al relacionarnos con los demás y con ello entorpecer nuestro bienestar, son según Ellis y Lange, de tres tipos:

  • Las exigencias, son creencias, que mantenemos de forma rígida e inflexible, acerca de cómo debería ser uno mismo, otras personas o la vida. Por ejemplo: “Debo de hacer un buen trabajo y merecer la aprobación de los demás”. Las exigencias suelen expresarse con términos como: “tendría que”, “debería”, “no debería”, “habría que”, “es necesario que”, “tendría que”. También se asocian con frecuencia con palabras como: “nunca”, “siempre”, “absolutamente”, “totalmente” o “perfectamente”.
  • Ejemplos:
  • Tengo que ceder siempre ante los demás.
  • No debería equivocarme nunca.
  • Debo ser aceptada(o) por todas las personas.
  • Deberían tener más consideración conmigo con todo lo que yo he hecho por ellos.
  • La vida debería ser fácil para mí, y conseguir lo quiero sin mucho esfuerzo y comodidad.
  • Nunca debemos de cometer errores.
  • Hay que anteponer las necesidades de los demás a las propias.

El  mantener estas creencias en cómo uno mismo, los demás o la vida deberían ser nos aleja de aceptar la realidad tal cual es. Estas continuas exigencias supone un pensar inflexible y encerrado en uno mismo, que nos lleva a comportarnos con nosotros mismos y con los demás atendiendo a unas reglas estrictas autoimpuestas, porque pensamos que son correctas, lógicas e indiscutibles. En el momento que se les contraria, se ponen en marcha pensamientos negativos hacia quienes rompen la regla pudiendo dar lugar a baja autoestima, ansiedad, conflictos los demás y con uno mismo, etc.

¿Qué podemos hacer?

Primero ser conscientes de estas creencias limitantes y segundo promover un cambio de actitud de las “exigencias” por una actitud de “preferencias”. Por ejemplo: en vez de: “Yo debería ser capaz de hablar en público correctamente”, mejor: “Yo preferiría ser capaz de hablar en público correctamente”, en vez de “Tengo que ir a trabajar porque sino no avanzo”, mejor “Prefiero ir a trabajar así puedo avanzar en el trabajo”. Para que este cambio se pueda producir es imprescindible ejercer  nuestra voluntad, así como valorar los pros y contras que conlleva el mantener unas creencias rígidas e inflexibles que sólo nos crean problemas a nosotros mismos y a los demás.

En definitiva si mantenemos una actitud de preferencia, que es la alternativa racional, podemos ganar en bienestar emocional. La actitud de preferencia consiste básicamente en el equilibrio entre la aceptación de nuestras limitaciones y la realización de nuestras posibilidades. Si mantenemos esa actitud de preferencia, la vida se convierte en un juego en el que siempre ganamos, ya que trabajamos por conseguir nuestros deseos y objetivos pero cuando esto no es posible, lo aceptamos de buen grado, quedando así libres para centrarnos en la realización de nuestras posibilidades y en disfrutar de ellas. De esta manera experimentamos un mínimo de frustración y un máximo de placer y bienestar.

  • El catastrofismo

En nuestro pensamiento se manifiesta mediante la tendencia a percibir o esperar lo peor sin tener motivos razonables para ello, en exagerar la posibilidad de que ocurra lo temido así como sus consecuencias negativas que podría tener si ocurriese. Está muy relacionado con las exigencias. Por ejemplo, cuando no se cumplen nuestras expectativas, podemos responder pensando y sintiendo que se trata algo terrible y catastrófico.

  • La racionalización

La racionalización se manifiesta como una tendencia en nuestro pensamiento a quitar importancia a las cosas, minimizar nuestros problemas o nuestros derechos. En el pensamiento se puede manifestar como un: “no me importa”, “no tiene importancia” “yo paso”, etc., cuando, en realidad, se puede tratar de temas importantes para nosotros. Congruentemente sentimos y actuamos de acuerdo con ese pensamiento. Este puede ser un mecanismo de defensa para evitar la ansiedad que nos produce defender nuestros derechos, afrontar los problemas de forma asertiva o luchar por conseguir nuestros objetivos o lo que deseamos. Las consecuencias a medio y largo plazo son muy negativas, ya que mantenemos unas expectativas poco realistas, los problemas a los que no hacemos frente suelen aumentar y, si no luchamos por aquello que queremos conseguir, perdemos muchas oportunidades y nos podemos sentir frustrados e inseguros.

  • Distorsiones cognitivas

Las distorsiones cognitivas son sesgos sistemáticos en nuestra forma de percibir y evaluar la realidad, que pueden interferir en nuestro bienestar y en nuestros relaciones sociales, y que todos podemos tener, en mayor o menor grado. Algunas de cuales son:

  • Sobregeneralización: Es cuando sacamos conclusiones generales de un solo hecho (por ejemplo si alguien falla en una ocasión, esperamos que vuelva a fallar siempre).
  • Pensamiento blanco o negro: No apreciamos los matices, el término medio (por ejemplo se piensa que las personas o las cosas son buenas o malas, o que la persona ha de ser perfecta o hacerlo todo bien o es un desastre).
  • Razonamiento emocional: Creemos en algo sólo porque nosotros lo sentimos así. Por ejemplo, si sientes odio hacia una persona, sacas la conclusión de que esa persona es realmente odiosa.
  • Sesgo confirmatorio: Percibimos y recordamos las cosas sesgadamente para que “concuerden” con nuestras ideas preconcebidas. Si estoy convencido que alguien es buena persona (mala persona, etc.) tenderé a percibir y recordar mejor cualquier comportamiento que concuerde con la imagen previa aunque ésta no sea realista.
  • Leer el pensamiento: Es creer que sabemos qué sienten los demás y por qué se comportan de la manera en que lo hacen, sin basarnos en los hechos ni en la lógica.

Y hay muchas más creencias y pensamientos problemáticos que interfieren en nuestro bienestar y en nuestras relaciones con los demás pero por hoy es suficiente.

En resumen si cambiamos nuestros pensamientos más negativos e irracionales por otros alternativos más racionales y objetivos (estos son consistentes con la realidad, se pueden verificar, producen emociones más equilibradas, te ayudan a conseguir tus metas y se expresan con un lenguaje de preferencia en vez de exigencia) podemos mejorar nuestro bienestar, ya que vamos a sentirnos mejor y en consecuencia nos comportaremos de forma más adaptativa y satisfactoria.

Si quieres puedes enviar tus consultas al siguiente correo: psicopalancia@gmail.com y en 24-28 horas te responderé personalmente. Francisco Ronda Guillem. Psicólogo Sanitario. Colegiado CV-09038.

LA ACEPTACIÓN: UN CAMINO HACIA NUESTRO BIENESTAR EMOCIONAL Y MENTAL

06-01-2017

Uno de los problemas en el que nos vemos involucrados las personas con cierta frecuencia es el rechazo o evitación de los sucesos dolorosos de la vida e incluso a veces el rechazo a nosotros mismos, el  no aceptarnos tal como somos. La negación o no aceptación de lo que nos ocurre o nos ha ocurrido y/o de quienes somos o cómo nos comportamos sólo nos pueden causar sufrimiento, dolor y frustración.

La sucesos y situaciones que nos producen dolor emocional forman parte la vida, somos seres emocionales y por ello somos susceptibles de experimentar dolor emocional y sufrimiento como también experimentamos de forma natural la alegría y la felicidad. El dolor emocional nos ofrece una oportunidad y posibilidad de aprender de él una lección valiosa, que  nos puede permitir fortalecernos en el ejercicio de vivir de forma más plena y consciente.

La aceptación del dolor emocional en nuestra vida es una condición necesaria para poder tener una buena salud mental, dicho de otro modo, el dolor emocional debe tener su propio espacio y dejarlo marchar en el momento que de forma natural corresponda. Cuando lo hemos experimentado nos puede reforzar y hacer más fuertes,  ya que nos permite tener una perspectiva de lo sucedido pudiendo adquirir así un aprendizaje más valioso.

La negación o rechazo a nosotros mismos, la no aceptación de ciertas cualidades negativas de nuestra forma de ser, de nuestro cuerpo, lo que somos o el esfuerzo que realizamos  por ser otras personas diferentes a cómo somos o creemos que debemos ser para gustar a otras personas, está en la base de mucho sufrimiento, frustraciones y trastornos emocionales, por ello es de vital importancia no olvidar el amor a uno mismo y la aceptación incondicional que nos merecemos como personas, con nuestros defectos y virtudes. Es a partir de esta aceptación incondicional y del reconocimiento de las cualidades negativas que queramos cambiar desde donde podemos pasar a la acción y realizar los cambios que nos ayuden en nuestro desarrollo personal y/o profesional.

La aceptación es una cualidad que bien utilizada nos es muy útil en la vida, aceptar las situaciones o sucesos desagradables con los que nos tenemos que enfrentar en la vida es una práctica saludable que puede contribuir a nuestro bienestar, ya que una vez aceptada dicha situación o suceso, podemos hacer básicamente dos cosas, una es hacer algo para cambiarla, es decir pasar a la acción para intentar cambiarla en ese momento o bien más adelante  y la otra es simplemente aceptarla, ya que no la podemos cambiar o la solución no está en nuestras manos, de nada nos sirve el estar rumiando sobre lo que nos ha pasado y lo desgraciados que somos o la mala suerte que tenemos, eso realmente si lo pensamos no nos sirve de nada y además nos hace sentir mal, mejor aceptarlo y seguir adelante con las cosas importantes de nuestra vida, con nuestros valores.

Cuando optamos por la aceptación de las situaciones o sucesos que nos acontecen podemos responsabilizarnos y adoptar una actitud constructiva y positiva para solucionar lo que esté dentro de nuestro ámbito de actuación, por el contrario cuando optamos por la resignación, nos lamentamos, adoptamos el papel de víctimas y a veces resolvemos las situaciones desde el resentimiento, un sentimiento que no nos ayuda a construir nada bueno.

Por último hay que recordar que los hechos que han sucedido no los podemos cambiar, por más desagradables que sean, aunque si que podemos cambiar la interpretación que hacemos de ellos. Si no sentimos malestar seguramente habremos hecho una interpretación correcta, ya que habremos comprendido bien dichos hechos y los habremos aceptado, por el contrario si sentimos malestar o sufrimiento es probable que la interpretación esté guiada desde la resignación.

Cierro este artículo con la  plegaria de la Serenidad de Reinhold Niebuhr, ya que en mi opinión sintetiza bastante bien parte de la esencia de la aceptación.

Señor, concédeme serenidad para aceptar todo aquello que no puedo cambiar,

fortaleza para cambiar lo que soy capaz de cambiar

y sabiduría para entender la diferencia.

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