EL PAPEL DEL PENSAMIENTO EN NUESTRO BIENESTAR

09-02-2017

Desde la psicología cognitiva se considera que la principal causa de nuestras emociones y conductas, no es lo que nos sucede o experimentamos, la realidad en sí, sino en cómo la evaluamos o interpretamos, en otras palabras a través de nuestro pensamiento, especialmente de nuestras creencias, filtramos la realidad y respondemos a ella a nivel emocional y conductual.

De esta forma, ante una misma situación, siendo objetivamente idéntica para todos, la respuesta de cada persona puede ser muy diferente en función de cómo sea percibida y evaluada. Por ejemplo: si una persona llega a una reunión en la que se encuentran varios desconocidos y algunos de éstos le miran de vez en cuando y se ríen, pueden haber diversas interpretaciones: pensar que se están riendo de ella y que la quieren molestar; pensar que ha caído bien y les gusta, etc. Al final, según lo que piense, se sentirá y se comportará de una u otra forma.

El cómo nos sentimos y actuemos no sólo depende de nuestro pensamiento, hay algunas cualidades positivas  o negativas que van a propiciar el que la interpretación que hagamos de la realidad sea muy diferente.

Ejemplo positivo:

  • Una persona con buena autoestima y habilidades sociales, tenderá a evaluar la situación anterior de forma más realista y positiva, interpretando que si la miran y le sonríen será porque quieren conocerla y ser amables con ella. Si lo interpreta de esta forma, será más probable que se sienta bien, devuelva la sonrisa e inicie una conversación.

Ejemplo negativo:

  • Una persona muy tímida e insegura, en la situación anterior, podría llegar a pensar que esas personas desconocidas se están riendo de ella e intentaría evitar el contacto con ellas.
  • Una persona que tiende a ser desconfiada y a creer que la mayoría de la gente es hostil, también es probable que malinterprete las sonrisas y consecuentemente se comporte de forma hostil o inhibida.

Llegado a este punto podemos hacernos una idea de la importancia que tienen nuestros pensamientos en cómo nos sentimos y en cómo actuamos, por ello voy a detallar algunas claves que pueden favorecer o entorpecer nuestro bienestar:

Algunas creencias irracionales que pueden crearnos problemas, especialmente al relacionarnos con los demás y con ello entorpecer nuestro bienestar, son según Ellis y Lange, de tres tipos:

  • Las exigencias, son creencias, que mantenemos de forma rígida e inflexible, acerca de cómo debería ser uno mismo, otras personas o la vida. Por ejemplo: “Debo de hacer un buen trabajo y merecer la aprobación de los demás”. Las exigencias suelen expresarse con términos como: “tendría que”, “debería”, “no debería”, “habría que”, “es necesario que”, “tendría que”. También se asocian con frecuencia con palabras como: “nunca”, “siempre”, “absolutamente”, “totalmente” o “perfectamente”.
  • Ejemplos:
  • Tengo que ceder siempre ante los demás.
  • No debería equivocarme nunca.
  • Debo ser aceptada(o) por todas las personas.
  • Deberían tener más consideración conmigo con todo lo que yo he hecho por ellos.
  • La vida debería ser fácil para mí, y conseguir lo quiero sin mucho esfuerzo y comodidad.
  • Nunca debemos de cometer errores.
  • Hay que anteponer las necesidades de los demás a las propias.

El  mantener estas creencias en cómo uno mismo, los demás o la vida deberían ser nos aleja de aceptar la realidad tal cual es. Estas continuas exigencias supone un pensar inflexible y encerrado en uno mismo, que nos lleva a comportarnos con nosotros mismos y con los demás atendiendo a unas reglas estrictas autoimpuestas, porque pensamos que son correctas, lógicas e indiscutibles. En el momento que se les contraria, se ponen en marcha pensamientos negativos hacia quienes rompen la regla pudiendo dar lugar a baja autoestima, ansiedad, conflictos los demás y con uno mismo, etc.

¿Qué podemos hacer?

Primero ser conscientes de estas creencias limitantes y segundo promover un cambio de actitud de las “exigencias” por una actitud de “preferencias”. Por ejemplo: en vez de: “Yo debería ser capaz de hablar en público correctamente”, mejor: “Yo preferiría ser capaz de hablar en público correctamente”, en vez de “Tengo que ir a trabajar porque sino no avanzo”, mejor “Prefiero ir a trabajar así puedo avanzar en el trabajo”. Para que este cambio se pueda producir es imprescindible ejercer  nuestra voluntad, así como valorar los pros y contras que conlleva el mantener unas creencias rígidas e inflexibles que sólo nos crean problemas a nosotros mismos y a los demás.

En definitiva si mantenemos una actitud de preferencia, que es la alternativa racional, podemos ganar en bienestar emocional. La actitud de preferencia consiste básicamente en el equilibrio entre la aceptación de nuestras limitaciones y la realización de nuestras posibilidades. Si mantenemos esa actitud de preferencia, la vida se convierte en un juego en el que siempre ganamos, ya que trabajamos por conseguir nuestros deseos y objetivos pero cuando esto no es posible, lo aceptamos de buen grado, quedando así libres para centrarnos en la realización de nuestras posibilidades y en disfrutar de ellas. De esta manera experimentamos un mínimo de frustración y un máximo de placer y bienestar.

  • El catastrofismo

En nuestro pensamiento se manifiesta mediante la tendencia a percibir o esperar lo peor sin tener motivos razonables para ello, en exagerar la posibilidad de que ocurra lo temido así como sus consecuencias negativas que podría tener si ocurriese. Está muy relacionado con las exigencias. Por ejemplo, cuando no se cumplen nuestras expectativas, podemos responder pensando y sintiendo que se trata algo terrible y catastrófico.

  • La racionalización

La racionalización se manifiesta como una tendencia en nuestro pensamiento a quitar importancia a las cosas, minimizar nuestros problemas o nuestros derechos. En el pensamiento se puede manifestar como un: “no me importa”, “no tiene importancia” “yo paso”, etc., cuando, en realidad, se puede tratar de temas importantes para nosotros. Congruentemente sentimos y actuamos de acuerdo con ese pensamiento. Este puede ser un mecanismo de defensa para evitar la ansiedad que nos produce defender nuestros derechos, afrontar los problemas de forma asertiva o luchar por conseguir nuestros objetivos o lo que deseamos. Las consecuencias a medio y largo plazo son muy negativas, ya que mantenemos unas expectativas poco realistas, los problemas a los que no hacemos frente suelen aumentar y, si no luchamos por aquello que queremos conseguir, perdemos muchas oportunidades y nos podemos sentir frustrados e inseguros.

  • Distorsiones cognitivas

Las distorsiones cognitivas son sesgos sistemáticos en nuestra forma de percibir y evaluar la realidad, que pueden interferir en nuestro bienestar y en nuestros relaciones sociales, y que todos podemos tener, en mayor o menor grado. Algunas de cuales son:

  • Sobregeneralización: Es cuando sacamos conclusiones generales de un solo hecho (por ejemplo si alguien falla en una ocasión, esperamos que vuelva a fallar siempre).
  • Pensamiento blanco o negro: No apreciamos los matices, el término medio (por ejemplo se piensa que las personas o las cosas son buenas o malas, o que la persona ha de ser perfecta o hacerlo todo bien o es un desastre).
  • Razonamiento emocional: Creemos en algo sólo porque nosotros lo sentimos así. Por ejemplo, si sientes odio hacia una persona, sacas la conclusión de que esa persona es realmente odiosa.
  • Sesgo confirmatorio: Percibimos y recordamos las cosas sesgadamente para que “concuerden” con nuestras ideas preconcebidas. Si estoy convencido que alguien es buena persona (mala persona, etc.) tenderé a percibir y recordar mejor cualquier comportamiento que concuerde con la imagen previa aunque ésta no sea realista.
  • Leer el pensamiento: Es creer que sabemos qué sienten los demás y por qué se comportan de la manera en que lo hacen, sin basarnos en los hechos ni en la lógica.

Y hay muchas más creencias y pensamientos problemáticos que interfieren en nuestro bienestar y en nuestras relaciones con los demás pero por hoy es suficiente.

En resumen si cambiamos nuestros pensamientos más negativos e irracionales por otros alternativos más racionales y objetivos (estos son consistentes con la realidad, se pueden verificar, producen emociones más equilibradas, te ayudan a conseguir tus metas y se expresan con un lenguaje de preferencia en vez de exigencia) podemos mejorar nuestro bienestar, ya que vamos a sentirnos mejor y en consecuencia nos comportaremos de forma más adaptativa y satisfactoria.

Si quieres puedes enviar tus consultas al siguiente correo: psicopalancia@gmail.com y en 24-28 horas te responderé personalmente. Francisco Ronda Guillem. Psicólogo Sanitario. Colegiado CV-09038.

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